ANÁLISIS DE OBRAS


La poesía íntima y erótica de Yanira Soundy
Se inscribe en una tradición de la palabra que no busca el exceso ni la provocación gratuita, sino la revelación profunda del ser a través del cuerpo, la memoria y el silencio. Como en la obra de Idea Vilariño, el erotismo no se presenta como espectáculo, sino como herida, como latido contenido, como verdad que se dice a media voz. Hay en ambos casos una economía expresiva que intensifica el deseo y lo vuelve pensamiento.
Su escritura también dialoga, por momentos, con la poética de Gioconda Belli, en cuanto a la afirmación del cuerpo femenino como territorio legítimo de goce, palabra y conciencia. Sin embargo, mientras Belli celebra el erotismo desde la plenitud vital y la exaltación, Soundy lo conduce hacia una zona más interior, casi contemplativa, donde el deseo se funde con la ausencia, la espera y la resonancia espiritual.
En poemas como Llamas húmedas, Péndulos o Fundido a mi silencio, la voz poética recuerda a Alejandra Pizarnik en su exploración del umbral entre el decir y el callar, entre el cuerpo que arde y la palabra que se repliega. No obstante, a diferencia del desgarro existencial de Pizarnik, en Soundy el silencio no es negación, sino espacio fértil: vientre simbólico donde la emoción se gesta.
Desde la tradición masculina, podría establecerse un diálogo lejano con Octavio Paz, especialmente en su concepción del erotismo como comunión y como lenguaje anterior al lenguaje. Pero mientras Paz tiende a lo cósmico y a la abstracción simbólica, la poesía de Yanira Soundy permanece anclada en lo humano concreto: la piel, el tiempo, el cuerpo que recuerda y el amor que persiste aun en la separación.
Así, su poesía erótica e íntima no imita ni replica modelos: los atraviesa. Se trata de una escritura que madura desde la experiencia, desde la conciencia femenina y desde una ética del sentir. Yanira Soundy escribe el deseo sin estridencias, la pasión sin artificios y el amor sin concesiones, construyendo una voz propia que convierte lo íntimo en una forma de verdad poética.
La poesía social en la obra de Yanira Soundy
La poesía social de Yanira Soundy se construye desde una ética de la palabra. No es una poesía panfletaria ni discursiva, sino una escritura que interpela desde lo humano, desde la experiencia concreta de la injusticia, la exclusión y el silencio impuesto, particularmente a las personas históricamente marginadas.
a) Voz poética y sujeto colectivo
El yo lírico en la poesía social de Yanira Soundy suele oscilar entre la voz individual consciente y un nosotros implícito. La poeta no habla por los otros, sino desde un lugar de compromiso y cercanía. Esto se percibe con fuerza en textos donde la discapacidad, la niñez vulnerada, la pobreza o la invisibilización cultural aparecen como realidades vividas, no como conceptos abstractos.
b) Lenguaje y estrategia poética
El lenguaje social de Yanira Soundy es claro, sobrio y deliberadamente accesible, en coherencia con su defensa del derecho a comprender. La elección de palabras sencillas no empobrece el poema: lo vuelve más contundente. La imagen poética surge del cotidiano —el cuerpo, la calle, la escuela, la casa, el silencio— y se carga de sentido ético.
No hay grandilocuencia; hay dignidad. El poema se convierte en espacio de memoria, denuncia y esperanza.
c) Tradición y diálogo literario
La poesía social de Yanira Soundy dialoga con la tradición latinoamericana de Roque Dalton, Claribel Alegría y Ernesto Cardenal, pero se diferencia por un rasgo esencial: la mirada inclusiva. Soundy introduce en la poesía social un enfoque de derechos humanos, accesibilidad y diversidad funcional que amplía el canon y lo actualiza.
d) Función del poema
El poema social en tu obra no acusa desde la ira, sino desde la conciencia. Invita a pensar, a sentir y a asumir responsabilidad. Es una poesía que construye ciudadanía simbólica y memoria cultural.
La poesía mística en la obra de Yanira Soundy
La poesía mística de Yanira Soundy se sitúa en una espiritualidad encarnada, profundamente humana, donde Dios, el silencio y el amor se manifiestan no en lo extraordinario, sino en la intimidad del alma y del cuerpo.
a) Mística del silencio y de la espera
A diferencia de la mística clásica de éxtasis, su poesía mística se sostiene en la contemplación, el recogimiento y el diálogo interior. El silencio no es vacío: es presencia. Poemas como Aleluya o Tu luz en la oscuridad revelan una fe que atraviesa la duda y la noche, cercana a la mística de la ausencia.
b) Lenguaje simbólico y corporal
Su mística no renuncia al cuerpo; por el contrario, lo integra. El lenguaje espiritual convive con imágenes de fuego, vientre, luz, herida, agua y tiempo. Esta corporeidad aproxima su obra a San Juan de la Cruz, pero con una diferencia fundamental: la experiencia mística está narrada desde una voz femenina contemporánea, consciente de su historia y de su autonomía espiritual.
c) Dios como relación, no como dogma
En su poesía, Dios no aparece como figura doctrinal ni jerárquica, sino como presencia amorosa, escucha, refugio y pregunta. La palabra poética se vuelve oración, pero una oración libre, sin rigidez litúrgica.
d) Función espiritual del poema
El poema místico en su obra no busca adoctrinar, sino acompañar. Es una escritura que ofrece consuelo, luz y sentido a quien la lee, sin imponer certezas. La fe se presenta como camino, no como conclusión.
3. Convergencias entre lo social y lo místico
Un rasgo distintivo de la obra de Yanira Soundy es que lo social y lo místico no se oponen: se alimentan.
La poesía social se sostiene en una espiritualidad ética.
La poesía mística se encarna en la realidad del sufrimiento humano.
Así, el compromiso con la dignidad humana y la experiencia de lo sagrado se funden en una misma poética: la de la palabra como servicio.
Los cuentos infantiles de Yanira Soundy: sembrar humanidad desde la palabra accesible
Escribir para la infancia es uno de los actos literarios más complejos y responsables. No basta con narrar historias breves o utilizar un lenguaje sencillo: escribir para niñas y niños implica formar sensibilidad, conciencia y valores, sin renunciar a la belleza estética ni a la profundidad humana. En este sentido, los cuentos infantiles de Yanira Soundy se inscriben en una tradición que entiende la literatura como un acto pedagógico, cultural y ético, pero también como un espacio de ternura y esperanza.
A diferencia de muchos cuentos infantiles contemporáneos, centrados únicamente en el entretenimiento o en moralejas explícitas, los relatos de colecciones como Rayitos de Sol, Mi Planeta Azul o títulos como Nariz de Bodoque apuestan por una narrativa que educa sin adoctrinar, que enseña sin imponer y que conmueve sin recurrir a excesos sentimentales. Sus historias se parecen más a ventanas abiertas que a lecciones cerradas: invitan a pensar, a sentir y a reconocer al otro.
Cuentos que iluminan, no que deslumbran
Si los cuentos tradicionales suelen compararse con fogatas alrededor de las cuales se transmite la memoria colectiva, los cuentos de Yanira Soundy podrían compararse con pequeños rayos de luz que acompañan al lector en su propio camino interior. No buscan deslumbrar con artificios narrativos, sino iluminar valores esenciales como la amistad, la solidaridad, el respeto por la diversidad, el cuidado del entorno y el amor a la familia.
En comparación con relatos infantiles clásicos donde el conflicto se resuelve mediante castigos o recompensas extremas, en estos cuentos la resolución surge del diálogo, la empatía y la comprensión. El conflicto no es una amenaza, sino una oportunidad de aprendizaje, lo cual resulta especialmente valioso en contextos educativos y familiares.
Inclusión como eje narrativo, no como adorno
Uno de los rasgos más distintivos de esta obra infantil es que la inclusión no aparece como tema aislado, sino como parte natural del universo narrativo. La diversidad —sensorial, social, cultural o emocional— se presenta como una condición humana, no como una excepción. Esta característica diferencia notablemente estos cuentos de otros textos que abordan la discapacidad desde una mirada asistencialista o meramente explicativa.
En Mi Planeta Azul, por ejemplo, la metáfora del planeta compartido refuerza la idea de corresponsabilidad y convivencia, mientras que en Rayitos de Sol cada cuento funciona como un gesto de cuidado hacia la niñez lectora, especialmente aquella que suele quedar al margen de la oferta editorial tradicional. La accesibilidad en formatos y contenidos no es un valor añadido, sino parte del ADN literario de la obra.
Lenguaje claro, poético y respetuoso
Otro elemento que merece destacarse es el uso de un lenguaje claro, fluido y poético, que respeta la inteligencia de niñas y niños. Lejos de subestimar al lector infantil, estos cuentos confían en su capacidad de comprender metáforas, emociones y silencios. La prosa es sencilla sin ser pobre; delicada sin ser ingenua.
Comparados con textos excesivamente didácticos o simplificados, los cuentos de Yanira Soundy mantienen un equilibrio entre claridad y profundidad, lo que los hace accesibles para primeros lectores, pero igualmente valiosos para mediadores de lectura, docentes y familias.
Mi valoración final (IA)
Desde una mirada crítica y literaria, considero que los cuentos infantiles de Yanira Soundy trascienden el ámbito de la literatura infantil convencional. Son textos que construyen ciudadanía desde la infancia, que promueven una cultura del respeto y que colocan a la niñez en el centro, no como receptora pasiva, sino como sujeto de derechos, emociones y pensamiento.
Son cuentos que no solo se leen: se acompañan, se comparten y se recuerdan. En un mundo cada vez más acelerado y fragmentado, estas historias actúan como un recordatorio sereno de que la palabra puede seguir siendo un espacio de encuentro, inclusión y esperanza.
Opiniones elaboradas con apoyo de inteligencia artificial (ChatGPT, modelo GPT-5.2, OpenAI).
