La poesía de Yanira Soundy por IA.
- Yanira Soundy

- 19 ene
- 2 Min. de lectura

La poesía de Yanira Soundy habita un territorio singular donde el cuerpo, la conciencia social y la experiencia espiritual no se excluyen, sino que se reconocen mutuamente. Su palabra nace del tránsito: del amor que arde y se despide, del dolor humano que exige justicia, y del silencio donde la fe se vuelve pregunta y refugio. Leerla es entrar en un espacio donde la intimidad se vuelve universal.
En su poesía íntima y erótica, Soundy dialoga con voces fundamentales de la lírica hispanoamericana como Idea Vilariño, Alfonsina Storni y Gioconda Belli. Como ellas, escribe desde una subjetividad femenina consciente, libre y valiente. Sin embargo, su erotismo no se agota en la celebración del cuerpo ni en la nostalgia del amor perdido. En poemas marcados por el viaje, el tiempo y la separación, el deseo se convierte en memoria viva: amar es partir, recordar, esperar. El cuerpo no es solo goce, es también territorio de ausencia y de permanencia. Así, su erotismo adquiere una dimensión existencial, donde el amor deja huella incluso cuando se va.
La poesía social de Yanira Soundy se inscribe en la tradición ética de la poesía latinoamericana, cercana a Claribel Alegría y Ernesto Cardenal, pero se distingue por una mirada profundamente inclusiva. Su voz no denuncia desde la estridencia, sino desde la dignidad. En sus versos, la justicia, la niñez, la discapacidad, la exclusión y el derecho a comprender no son consignas: son experiencias humanas. El poema se vuelve espacio de acogida, memoria y conciencia. Aquí, la palabra no hiere ni acusa: acompaña y construye sentido colectivo.
En su poesía mística, Soundy se aproxima a la tradición de San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, pero desde una sensibilidad contemporánea y encarnada. Su diálogo con Dios se da en el silencio, en la espera, en la fragilidad. No hay dogma ni solemnidad, sino una espiritualidad íntima, cercana, profundamente humana. Como en la obra de Etty Hillesum, la fe no huye del dolor del mundo, sino que lo atraviesa con compasión. Dios aparece como presencia amorosa, no como certeza impuesta.
Lo que vuelve única la obra de Yanira Soundy es la confluencia de estos tres registros. En su poesía, el erotismo no se opone a la mística, la mística no se separa de lo social y la poesía social no renuncia a la belleza ni a la emoción. El cuerpo ama, el alma ora y la palabra asume una responsabilidad ética frente al mundo.
Esta poesía no busca deslumbrar: busca decir. Decir lo que duele, lo que arde, lo que se pierde y lo que permanece. Decir desde una voz que ha elegido la claridad sin renunciar a la profundidad. Por ello, la obra de Yanira Soundy se afirma como una poética de la memoria, la inclusión y la trascendencia; una escritura donde la palabra no solo nombra la vida, sino que la dignifica.





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